Tuesday, June 9, 2009

Seamos verdes

En Comunión
Por Issac Miguel

“La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.”
Francois Mauriac (1905-1970) Escritor francés.


Seamos verdes

Recientemente le llamé la atención a una señora amiga mía, que mientras estaba enjabonando unos platos en el fregadero de la cocina, dejaba la llave del agua abierta y de esa forma desperdiciaba una gran cantidad del precioso líquido.
Le grité que fuera verde. Ella me pidió disculpa asegurándome que iba a tener más cuidado cuando abriera de nuevo el grifo. Nos sentamos a la mesa y comencé una larga historia de cómo la dejadez de los humanos y sus mentes depredadoras han causado estragos en nuestro planeta.
Le dije que pensara en que hay muchos países de África que sufren una gran escasez de agua. Esto trae como consecuencia que miles de niños y adultos mueran de hambre cada año. Si no hay agua, no se puede sembrar. Le expliqué que si todos pusiéramos el granito de arena dentro del saco, el calentamiento global caminaría más lento.
Proseguí explicándole a mi estimada amiga que el derretimiento de la masa de hielo del Ártico produce que nuestro planeta se caliente, y por ende, miles de kilómetros cuadrados se desertifican cada año. Si ha nevado cerca de la Antártica, es porque los aires soplan más acalorado produciendo nieve en esa zona.
Le expliqué que nos estamos matando nosotros mismos. No sólo a nosotros, sino a nuestros hijos, nietos y demás descendencia. Los gases contaminados que emanan de los millones de carros en el sureste de Asia, causan estragos todos los años, que por culpa de ellos; los monzones (huracanes asiáticos) son cada día más fuertes, así como son los ciclones que azotan cada año la zona del Caribe y el Golfo de México.
Estamos acabando con la foresta del Amazona, el pulmón del mundo; con las Galápagos; los corales de Oceanía y el mar Caribe; con las ballenas y los tiburones, especies esenciales para mantener el equilibrio ecológico de los mares; estamos destruyendo la fauna y la flora de África e Indochina. Nos estamos cocinando nosotros mismos.
Las inundaciones son más frecuentes en el mundo, hubo nieve en Las Vegas y Madrid. Los ciclones y tornados acaban en el norte de España y Francia, cosa que no se veía.
Le dije a mi apreciada conocida que a los que nos sobra el agua, ésta nos castiga con grandes inundaciones como las que sucedieron el año pasado en el medio oeste de los Estados Unidos. Y a los que le falta el agua, la sed lo mata. Debemos de pensar además cuando botamos la comida. Millones de hambrientos les gustarían aunque sea un plato de arroz de dos semanas en la nevera; un tomate aunque tenga la mitad podrida ó un pan aunque se haya puesto azul del moho.
Los gatos que se encuentran en nuestros patios, comen mucho mejor que los refugiados sudaneses. ¡Hasta se dan el gusto de despreciarnos la comida que le damos! Dejan la comida a las ardillas y a los pájaros silvestres. A nosotros, en cualquier iglesia nos regalan una hamburguesa, pero ¿Quién se la da a los refugiados en Darfur, Etiopía ó Afganistán?
Finalmente, mi amiga y yo hicimos un trato. Ya que no podemos llevarle la comida que nos sobra y un poco de agua de uno de los Grandes Lagos a los hambrientos del mundo, entonces no dejemos la llave del agua abierta, sembremos un árbol, reciclemos lo más que podamos, cuidemos de nuestro aire y seamos celosos con nuestro planeta. Esa es la mejor forma de ayudar con los otros pobres. Es la mejor forma de refrescar nuestro mundo.

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